Sé que en tus orillas derrama
El brebaje negro la civilización.
Sé que entre tus olas muy tenues y
suaves
Sólo el niño pobre,
Se baña con vos.
Pero en el oriente eterno del
tiempo,
Fuiste lago inmenso,
La cuenca de un Dios,
Y en la dulzura de tus cocotales,
Saciaba su sed,
El conquistador.
Ahora lloran petróleo tus aguas,
Fugas dolorosas que matan al pez,
Y en la curiara un indio cantaba,
Sus versos de gaita al amanecer.
Sé que lavanderas tu virgen
encontraron
Tabla de madera sin tripulación,
Una huella extraña sobre las
riberas,
Un contorno etéreo de consolación
Una prueba humilde de lo que
queremos,
La chinita buena de nuestro señor.
Sigues siendo enorme reservorio de
agua
Apuñaleado de taladros en el
corazón,
En el catatumbo transfusión te sana
La corriente dulce de tu arteria
soy,
En la sierra toda la lluvia se afana
Porque sigues vivo aunque mueras
hoy.
Sé que escupes el fango negro
Sobre el barquito de aquel pescador,
Pues no sabes cómo en ese tanquero,
Tus olas inmensas no causan pavor.
¡Ah!, lago de Maracaibo,
Recuerda que no eres el mar,
Si han taladrado el océano
Y el hielo se suda por tanto calor,
Tan sólo te queda aferrarte,
A los maracuchos y su compasión.
Sé que quieres el puente,
Al principio, sé también, no te
gustó,
Pero ahora lo miras silente,
Como el viejo amigo que nunca
marchó,
Como el compañero perenne y
valiente,
Que escucha tus quejas, y llora con
vos.
Repites en las noches; ¡soy esclavo!
A los hombres y mujeres, doy y doy,
Todos ellos se presumen muy
inteligentes,
La verdad, quizás acabes en una explosión,
No se abusa de lo bueno de la gente,
No se daña el agua dulce sin razón,
No se ensucian sus orillas sin que
paguen
En sus hijos o en sus nietos la
ambición.
Sé que llorabas ayer,
Cuando el niño tiró en tus aguas:
Aquel vaso de cartón,
Recordaste al funcionario que juraba
Cuidarte desde la gobernación,
¡Vamos lago!
Un político no será tu salvación,
Tú te salvas si un maestro puede,
Enseñar a un niño lo que duele,
Un jodido vaso de cartón.
Sé que estás triste lago,
Perdóname, por favor,
Si en tus orillas derrama.
Espeso brebaje negro,
Nuestra civilización.